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lunes, 23 de mayo de 2016

Cadencia al latente compás de tierra







Sentimiento parejo
al que sostiene el pulso del tiempo,
en sinfonía repleta de vicisitudes
de escarpadas cumbres,
poeta sin tiempo le habla
quebrando su enhebrada calma,
es constructor de puentes
al ocaso temido,
puro, con violeta eterno,
colapsado de osadía
se deshacía la lejanía
en su retina
en la que se clavaban astros
en realeza sumisa,
cauta de su fortaleza.
Fuentes brillaban líquidos estambres
que honraban los coletazos de mi Sol dormido,
este mundo está comenzando su destrucción
deslizando mi amor
por la avenida de soldados alados
con su guerra de polinizar la flor.
Torres se yerguen
por campos repletos de osadías,
arriba mi mente a buen puerto,
mi sueño cae conquistado
y los temblores de raíz que me quedan.
El helecho y su flor mágica
se alegra de mi cuidado
vuelto esfera.
Ákrita en su castillo de montaña
que a él lleva que a él trae toda simiente
por los senderos de fuego
por su tierra ardiendo
ve mecer el destino inerte,
estático, inmóvil
de la piedra que le habla
y recuerda que es el origen
de todo el agua que le agrieta el espíritu,
vespertino trino del pajarillo
resume su vida en la flor de cuarzo
un canto olvidado,
vuela entablando fuerza y temple
con mi destino que arde
displicente, hoguera
que lleva mi sangre
abriendo su camino por lares insospechados
abiertos al rayo de luna
y su compostura
orando por la vuelta de mis ancestros
y su vida de antaño
diluida al compás de fúlgidas sienes
recitando el sonido
en canción de mi guerra interna,
es el renacer marcado
en el ciclo de muerte,
vida y resurgir de resurrección,
golpeo el cambio que trajo la civilización
suenan mis yunques noctámbulos sin dormir
esos que sujetan la casa de mi cuerpo
avanza mi vida quieta
al fragor de una tormenta
y su hijo del rayo que se alza,
que muere al tomar tierra.
Como antaño me visto de espiga
y el alma me relamo,
brotando de la amapola compañera
el color sagrado
que tanto amo.


El Castellano

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