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miércoles, 23 de marzo de 2016

Tijera negra

Todo bulle hacia arriba,
así como la calma de mi alma
que busca a Dios en la lluvia
fieles destellos de quienes somos
mi ser se está carcomiendo la sangre
por encontrar su fiel latido displicente
se trenza el nervio otra noche
para mirar el ocaso del rey lucero
y el malva que tiñe el cielo
quedará mi hueso para preguntar
a mis ancestros si el amor
volverá a mi cuerpo
mientras tanto seguiré
orando despierto,
una noche que las fuentes
de la primavera bullen despacio,
quién vendrá a darme su regazo,
quién me sostendrá llegado mi final,
no lo sé mientras tanto seguiré en vilo
escribiendo al hueso de la luna
que tantas noches me arropó en su seno,
mi  vida que ya empieza
a volverse una noche maldita
me abriga el recuerdo de su sonrisa esquiva
y su piel tersa de seda
será un día llorando al cielo mi subrepticia
de mirar mis ilusiones, mis sueños tejidos en soledad
ver la noche pura en compañía de mi reflejo
y sentir alegría
dar gracias a la vida por estar vivo de nuevo,
cuando de mi huyó el amor
y nunca quise decir, nunca dije,
todo fue humor desvariado
del cambio de la primavera
que se come mis venas
hoy no será una noche más
mi cuerpo desnudo en la penumbra,
llama a la tiniebla su fiel compañera,
tijeras y espejos que se clavan del reino
del que siempre está despierto
un canto hacia atrás una oración del mal
que ya vio que todo estaba hecho,
desfilaba mi ansiedad por cuchillos de sangre
el cielo se abría al son de los tambores,
era la procesión de mi soledad sin descanso
y que el cielo se apiade de mi canto
que esta tierra me verá llorando su azabache
pero jamás muerto por un crimen de flores
que descansan las estepas y los campos,
mi alma clavo al cielo
con un yunque sonámbulo
de mi insomnio cabalgado
para ser otra noche de espejos
fieles testigos de mi sangre expuesta en vilo,
y que mi ser se llene de oscuridad
que yo en mi vida sé  quien fui y sé quien soy
más que un abrojo del campo
vine a clavar al cielo mi humor vivo,
esperando llenar de flores el viento
y decir aún no he muerto,
seguiré aquí despierto donde cruzan los firmamentos
y los cielos cuelgan mis sueños
murió la luna de invierno
y mi sed se blande de un confín a otro confín
cuando todo acaba en el parpadeo
de una estrella,
y la malva tiene hijos de luna,
yo miraba el cielo a oscuras
buscando una razón
para seguir aguantando este dolor,
se abrió un tornasol que me dijo
que el cielo está para lucharlo,
el suplicio dormido se vestía de luto
por todo lo que fue y no dijo,
la araña me llevaba a otro abismo
cuando el rey del universo soñaba su trigo,
yo de mi caléndula cultivada sacaba mi verdad
para brillar más que el sol
llegado el punto final a mi verdad
que se retuerce, que grita salta y exclama
por una guerra eterna al error
y su tijera negra.



El Castellano y Leannán-Sídhe

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